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30/08/2015
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La foto de los siete millones de Puerto Hurraco

La foto de los siete millones de Puerto Hurraco

La histórica fotografía de la España Negra tiene cuatro protagonistas. Las tres personas que aparecen en la imagen y el hombre que la capturó con su cámara. Se trata del momento de la detención, a primera hora del 27 de agosto de 1990, de Antonio Izquierdo, uno de los hermanos autores de la matanza de Puerto Hurraco (Badajoz): nueve personas muertas, entre ellas dos niñas. Se ha cumplido esta semana el 25 aniversario de uno de los sucesos más tristemente famosos del último siglo en nuestro país. Y Crónica ha querido reconstruir la intrahistoria de la imagen a través de los recuerdos de quienes la protagonizaron: los dos guardias civiles y el fotógrafo, fallecido ya el cuarto actor, Antonio Izquierdo.

Allí estaba en el lugar adecuado y en el momento justo, Brígido Fernández -26 años entonces, 52 ahora-, del periódico extremeño Hoy. La imagen le reportó según, él mismo confiesa a Crónica unos beneficios de casi siete millones de pesetas de entonces -más de 40.000 euros traducidos a la moneda actual-. Merecidos los tenía. Sin esa foto, Puerto Hurraco no hubiera sido lo mismo. Y los Izquierdo tampoco. "Me pagaban en cheques, libras, dólares... fue una locura que duró más de un mes... Un pastón por entonces, es verdad", reconoce.

La foto que dio la vuelta al mundo entero. El guardia civil Vicente Salguero a la izquierda, el asesino Antonio Izquierdo en el centro, y el cabo Blas Molina a la derecha.
Brígido, que entonces era freelance, tomó la foto para el Hoy y, después de que su periódico y las cabeceras del grupo (Vocento) la difundieran, les dieron permiso para venderla. Aparte de todos los diarios españoles, agencias y revistas -fue portada en Cambio 16, Tiempo...-, los periódicos internacionales más prestigiosos también llevaron la fotografía a sus primeras planas: The Times, Le Fígaro, The Spiegel, The Sunday Times, Herald Tribune... A Mérida acudieron para negociar con él representantes que querían directamente los carretes. "Me llegaron a pagar por escanear los negativos... Era otra época, no había redes sociales, ni webs, ni móviles, se trabajaba de otra forma, no estábamos en la era digital ni se exigía la inmediatez de ahora...

Aquella mañana de hace 25 años, al otro lado de su objetivo, pistola en mano, fatigado, estaba el entonces cabo -llegaría a sargento- Blas Molina, quien tenía 36 años. Esa zozobra en el rostro del agente es consecuencia, según el testimonio que ofrece hoy, de un amago de infarto que sufrió en el momento de la detención, fruto de la tensión: "Me noté que me iba faltando el aire, estaba solo, porque el alcalde, Braulio Nogales, que salió conmigo a rastrear la zona... en cuanto escuchó los primeros ruidos salió corriendo de vuelta al pueblo y me dejó allí, solo, y además sin avisar". Luego, le confirmarían que había sufrido un "preinfarto". A Antonio Izquierdo lo encontró escondido en un campo de avena. "Iba a continuar ya por el día con la cacería humana, y eso lo pude evitar", dice orgulloso desde Jaén, donde vive ahora. "En cuanto lo vi me parapeté en una piedra en una zona entre dos fincas y fue entonces cuando disparé al aire dos veces para advertirle de que iba en serio y al final logré convencerle para que tirara la escopeta junto a una higuera", recuerda. El otro hermano Izquierdo, Emilio, apostado cien metros más arriba, salió huyendo y fue detenido con la ayuda del helicóptero por el cabo Salguero, de Puebla de Alcocer, momento que ninguna cámara retrató.
 
"No volví a ver la fotografía durante muchos años, y cuando lo intenté o me la mostraba algún compañero, vomitaba y se me venía entonces rápidamente el olor de la sangre de los muertos... Lo he pasado muy mal, aún me viene encima ese olor cuando la veo o hablo del tema", dice el agente Blas, quien hoy tiene colocada la imagen en su despacho.

Otro guardia civil, éste con bigote, aparece junto a él. Se trata del extremeño Vicente Salguero Rodríguez (Villar de Rena, Badajoz) que ayudó a Blas a detener a los Izquierdo. "Es verdad que mi compañero mostraba síntomas de fatiga, pero no sé realmente quién ayudó a quién en esos momentos, lo importante fue la captura y me siento orgulloso de ello", relata Salguero.

Blas Molina, de 61 años, es el agente que apunta con su pistola al cielo mientra sujeta a Antonio Izquierdo.
La imagen -en blanco y negro- está tomada después de una madrugada de tensión, nervios y miedo. Lo recuerda Brígido, que viajó en coche desde Mérida junto a dos redactores de Deportes-Manuel Macarro y Domingo Núnez, que eran los que trabajan en domingo y a esas horas-, tras dar el corresponsal el aviso de que "algo gordo" sucedía en Puerto Hurraco. Era noche cerrada y la Guardia Civil tenía prohibido el acceso al pueblo. "Con el paso del tiempo, y como éramos los únicos periodistas, nos dejaron entrar y entonces comenzamos a comprender lo que estaba pasando", dice el fotógrafo, que no olvidará "la sangre por todos sitios, con las balas que habían sido disparadas de forma indiscriminada a todo lo que saliera a su paso incrustadas en las paredes, los primeros velatorios dentro de los domicilios de los Cabanillas...". Y encima con los asesinos huidos y con la posibilidad de que regresaran en cualquier momento. "Todos allí decían que había huido al monte y por allí empezó a rastrear la Guardia Civil. La sorpresa fue cuando los encontraron al lado mismo, tan cerca del pueblo", describe Brígido, quien estuvo muy cerca de la mirilla de los Izquierdo sin saberlo. "Fui a orinar con mi compañero Macarro fuera del pueblo sin ser consciente de que estábamos tan cerca de ellos, a una distancia que con sus escopetas perfectamente nos podían haber alcanzado... Nos pusimos a orinar junto a ellos y sin saberlo".

Con los primeros rayos de sol, Brígido escuchó los dos disparos de postas y un helicóptero de la Guardia Civil acercándose a la zona. "Salí corriendo y me sitúe cerca, y de repente, entre la siembra del trigo y el polvo que levantó el helicóptero comencé a distinguir a tres personas y comencé a disparar porque intuí que era uno de los hermanos".

Del momento histórico, captado con su cámara manual, una Nikon FA, hizo 20 fotos seguidas, aunque para él la más relevante es la que muestra en esta página. El total del reportaje incluye 72 imágenes, reveladas horas después con mimo, para no estropear el tesoro, en la delegación de Mérida. Hizo dos juegos de copias, las metió en un sobre y un taxi las trasladó a Badajoz, sede central del periódico, desde donde saltaron al mundo como exponente máximo del horror y la venganza. "Hice mi trabajo, nada más".