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04/03/2015
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Seis décadas con la Expiración

Seis décadas con la Expiración

EL 22 de febrero de 1955 la junta de gobierno de la Muy Ilustre y Venerable Cofradía de Penitencia del Santísimo Cristo de la Expiración y Nuestra Señora María Santísima de la Victoria, establecida entonces canónicamente en la iglesia parroquial de San Lorenzo Mártir, acordó por unanimidad nombrar y elegir Hermano Mayor Honorario Perpetuo, a la 237ª Comandancia de la Guardia Civil de Cádiz, "en la persona de su Ilmo. Sr. Teniente Coronel Primer Jefe de la misma, en atención a los excepcionales méritos que en ella concurren". 

Y en prueba de ello se extendió el 4 de marzo siguiente el correspondiente título de honor que fue firmado y rubricado por todos los miembros de dicha junta de gobierno, siendo autorizado su aceptación por el teniente general Camilo Alonso Vega, director general del benemérito instituto entre el 24 de julio de 1943 y el 30 de mayo de 1955. 

Francisco Jiménez-Alfaro Gutiérrez, cura párroco de San Lorenzo y perteneciente a una familia muy vinculada a la Milicia en general y a la Guardia Civil en particular, era el presidente nato de dicha junta de gobierno; Pedro Bravo Sobrado, canónigo de la catedral, el director espiritual; Luis Arroyo Crespo, el prioste perpetuo; José Guillén Moreno, el subprioste; Julián Adrada Toledo, el mayordomo primero; Fernando Díaz Rubio el fiscal primero, Luis Arroyo Díaz el secretario, Manuel Hermida Domínguez, el fiscal segundo; Joaquín Menéndez Vega, el mayordomo segundo y Alfonso Solano Álvarez de Valcárcel, el secretario segundo. Los consiliarios eran José Rodríguez Landeira, Manuel de la Fuente Carneiro, Joaquín Bustelo Moreno, Antonio Llaves Villanueva, Manuel Garreta, Manuel García Mata y José Moreno de la Torre. 

Como jefe de la 237ª Comandancia estaba entonces el teniente coronel Ángel Fernández Montes de Oca, natural de Alcalá de los Gazules y que llevaba al frente de la misma desde el 10 de noviembre de 1952. No sólo era buen conocedor de la provincia por sus destinos anteriores como teniente jefe de las Líneas de Ubrique y Medina Sidonia, sino que sobre todo lo era de la ciudad de Cádiz. Había ejercido también en ella el mando de la Línea de la capital y en especial, durante siete años, ostentando ya el empleo de capitán, la jefatura de la 5ª Compañía que tenía fijada su cabecera en la misma. 

La cofradía, que tras varios años de intensa labor le fue concedido dicho título el 15 de abril de 1944 por decreto del obispo de la diócesis, Tomás Gutiérrez Díez, había venido padeciendo en los últimos tiempos una precaria situación económica hasta casi perder sus actividades en el culto externo, limitándose prácticamente al interno. 

A partir de 1954, con la inclusión en la junta de gobierno de algunos hermanos que le dieron un decisivo impulso y la valiosa ayuda del benemérito Instituto de la Guardia Civil, se consiguió no sólo salvarla de su más que probable extinción sino ir remontándola hasta situarla en una destacada posición dentro de la Semana Mayor gaditana. 

Dicha ayuda lo fue en todos los órdenes, tanto desde la activa participación de representaciones uniformadas del Cuerpo en los actos externos de la cofradía, y muy especialmente en los desfiles procesionales, hasta los de carácter económico, aportándose importantes cantidades para sufragar adquisiciones y contribuir al sostenimiento de actividades. 

A su vez la cofradía tuvo dentro de los altos mandos de la Guardia Civil a una serie de valedores excepcionales, destacando entre todos ellos el teniente general Eduardo Saenz de Buruaga y Polanco, director general entre el 8 de febrero de 1957 y el 23 de abril de 1959. En varias ocasiones se desplazó expresamente desde Madrid para asistir a los actos procesionales y se convirtió, junto a su esposa Eloisa Requejo, en profundo devoto de la bendita y milagrosa titular María Santísima de la Victoria. 

La presencia de piquetes de la Guardia Civil escoltando al Santísimo Cristo de la Expiración y a María Santísima de la Victoria, siempre estuvo acompañada de una nutrida representación de cuadros de mandos de la Comandancia de Cádiz así como en determinadas ocasiones de diferentes directores y subdirectores generales del benemérito Instituto. 

También, cuando las circunstancias lo permitieron, los desfiles procesionales fueron acompañados de fuerza a caballo y banda de tambores y cornetas, tanto de la propia Comandancia cuando existía aquella, como del Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro, con su correspondiente escuadra de gastadores. 

La cofradía, en cuyo escudo oficial figura el emblema de la Guardia Civil y que siempre se ha sentido orgullosa de su presencia como Hermano Mayor Honorario Perpetuo, quiso en correspondencia a los favores recibidos, donar una enseña nacional a la 237ª Comandancia con ocasión de la inauguración del acuartelamiento de San Severiano, acaecida el 31 de agosto de 1958. 

Así, casi un mes después, 25 de septiembre, se elevó la correspondiente solicitud de autorización al director general del Cuerpo. Aceptada la misma, la solemne ceremonia de entrega se llevó a cabo en el patio de armas de dicha casa-cuartel el siguiente Domingo de Resurrección, 29 de marzo. 

Presidió los actos, en representación del director general, el general de brigada Roger Oliete Navarro, jefe de la 1ª Zona de la Guardia Civil, con cabecera en Sevilla y que años atrás había sido también jefe de la Comandancia de Cádiz. Era también hermano mayor honorario y fue acompañado de su esposa Isabel Sánchez de Alva y Merencio, fallecida el pasado 30 de junio, a los 93 años de edad y que siempre se supo ganar el cariño de todos los que tuvimos la suerte de conocerla y tratarla. 

El jefe de la Comandancia era, tras el ascenso a coronel de Fernández Montes de Oca el 22 de junio de 1955, el teniente coronel José Vivancos Crespo, natural de Chipiona, quien se había hecho cargo del mando de la misma el 7 de julio siguiente. 

La ceremonia de entrega de la enseña nacional se realizó ante numerosas autoridades civiles y militares de la ciudad, así como de la propia Guardia Civil, destacando los coroneles Miguel Morales de Lafuente, jefe de estado mayor de la dirección general y Buenaventura del Portal Cano, jefe del 37º Tercio con cabecera en Málaga y del que dependía la Comandancia de Cádiz, así como el teniente coronel Juan Salom Sánchez, jefe de la 337ª Comandancia de Algeciras. 

También asistió toda la junta de gobierno y los hermanos mayores y priostes del resto de cofradías de Cádiz, siendo la madrina de la bandera María Teresa de la Cruz Gurri, presidenta de la junta de camareras de la Virgen de la Victoria y cotitular de la Cofradía de la Expiración, a quien la Guardia Civil le regaló una medalla de oro en cuyas caras llevaba grabadas las imágenes de la Virgen del Pilar, patrona del Cuerpo, y el escudo de dicha cofradía. 

Hoy se cumplen sesenta años de ese hermanamiento que sigue en pleno vigor, tal y como lo siguen acreditando el actual jefe de la Comandancia de Cádiz, coronel Alfonso Rodríguez Castillo, y el hermano mayor Vicente Rodríguez Fernández, dándose además la feliz circunstancia de que el capellán castrense de aquélla, es el director espiritual de ésta, César Sarmiento González. Todo ello con un emocionado recuerdo a quien durante tantos años fuera su hermano mayor, Manuel Montero Gómez, verdadero devoto de la Guardia Civil, fallecido el pasado 25 de diciembre a los 60 años de edad.