Carta al Papa Francisco

15 de diciembre de 2020

Santidad,

Durante gran parte de la mitad del siglo XX y de este siglo XXI, la sociedad española ha sufrido con gran dolor la lacra terrorista de una banda armada llamada ETA. Durante cincuenta años esta banda de asesinos ha causado un total de 857 víctimas mortales, miles de heridos, secuestros, extorsiones y sobre todo el sufrimiento de miles de personas de diferentes colectivos; 22 niños inocentes fueron asesinados, truncando así su futuro, su inocencia y la ilusión de sus familias por el mero hecho de trabajar o ser lo que eran, servidores públicos. En definitiva, incalculable el daño causado a tantas víctimas inocentes, dramas personales y consecuencias psicológicas derivadas de todo esta larga época de terror.

La Guardia Civil, como cuerpo de seguridad, vela por los derechos y libertades de los ciudadanos en España desde hace más de 175 años, y lo hace de manera ejemplar. Quizás por ello hemos sido los más castigados por esta banda de asesinos, más de 203 guardias civiles han sido asesinados, numerosas casas cuarteles han sido atacadas por artefactos explosivos, hogares donde nosotros y nuestras familias hemos criado a nuestros hijos con la ilusión de formarlos en valores, los mismos que esta institución representa. Nuestros hijos también han sido asesinados por el simple hecho de ser hijos de guardias civiles, dos ejemplos: 5 fallecieron junto con 6 familiares en Zaragoza el 11 de diciembre de 1987 mientras dormían tras la explosión de un coche bomba en la casa cuartel de la Guardia Civil, otros 5 fallecieron mientras jugaban en el patio del Cuartel de la Guardia Civil de Vich (Barcelona) el día 29 de mayo de 1991.

Afortunadamente, esa trágica etapa de nuestra reciente historia ha sido superada gracias al gran esfuerzo de nuestra sociedad y de muchos guardias civiles y sus familias, que aún hoy no podemos olvidar y honrar.

Pero hay otros episodios negros que tampoco podemos olvidar, y que Su Santidad debe conocer. La historia de lo que ocurrió en estos años no deja en buen lugar a la Iglesia vasca desde el mismo nacimiento de ETA; siempre estuvo más cerca de los terroristas que de las víctimas. Muchos fueron los sacerdotes del país vasco que ayudaron, encubrieron, aplaudieron, y sonrieron a los asesinos de ETA. Y lo más grave: sigue ocurriendo hoy en día, en pleno 2020.
Recientemente, en España, en una serie documental de televisión, se ha entrevistado a un sacerdote, párroco de la localidad de Lemoa (Vizcaya), donde justifica a la banda terrorista ETA, relativizando sus atentados. Pero no es un caso aislado, una serie de sacerdotes también de la Iglesia Vasca han salido en su defensa, y con discursos similares.

Como Asociación Profesional que defiende los intereses personales y profesionales de los guardias civiles y sus familias no podemos entender que desde el seno de la Iglesia se justifique y aplauda a una banda de asesinos, y tampoco entendemos como esos sacerdotes siguen humillando a tantas víctimas, cuando deberían prevalecer el consuelo y el aliento necesario para superar esta triste etapa de nuestra historia.

Santidad, como referente espiritual en esta sociedad, y como máximo exponente de la Iglesia católica, solo le pedimos primero comprensión y cercanía a tanto dolor de tantos guardias civiles y sus familias; y en segundo lugar la adopción de medidas correctoras contra esos párrocos que manchan el nombre de la Iglesia, su abominable comportamiento público de aplauso a los asesinos es incompatible con el ejercicio del sacerdocio.

Santidad, ha demostrado públicamente ser inflexible contra actitudes impropias del personal de la Iglesia y por ello, ha sido mundial y unánimemente aplaudido; no puede pues, dejar pasar la connivencia de sacerdotes con los terroristas, sus fines exterminadores y sus métodos crueles. Se lo pedimos, se lo rogamos.

Este mensaje solo pretende poner de manifiesto ante Su Santidad el daño que nos siguen causando comportamientos ofensivos hacía nuestros asesinados, y más cuando proceden de personas que deberían ser comprensivas y solidarias con el dolor injustamente causado. Nos dirigimos a Su Santidad solicitando su comprensión y su intervención para poner orden y evitar que hechos como los descritos vuelvan a producirse, por respeto a la memoria de todas las víctimas y el consuelo de sus familiares. Estamos seguros que nos atenderá, es de Justicia Divina.